¿Os acordais de Carmelo?. A secas, no hacían falta apellidos. A medio camino entre sacristán y personaje de Berlanga con cuatro pelos a medio afeitar, era un tipo apreciado por todos, hasta cuando se pillaba los sofocones tan tremendos que de vez en cuando le facturaba ese úlitmo hervor que no se remató en su cabeza.
Durante años y años llevó el guión sacramental de La Paz el Domingo de Ramos y en la procesión de impedidos, hasta que un año por no aguantarlo más le dieron un cirio y el antifaz acabó de mala manera. Entoces sacaba una vara, por supuesto en el guión sacramental, y todo El Porvenir lo saludaba por su nombre al pasar junto a él, a lo que incrédulo preguntaba ¿cómo me has conocido?. Hasta con la cara tapada era inconfundible, con esos andares no cabía la duda.
Se arrimaba con habilidad a los conocidos en las barras de los bares y tascas del barrio esperando una mirada complice al camarero para castigarse una cerveza, así hasta que se iba con sus "andares de mecedora vieja", como lo definió en un artículo en ABC un querido vecino. Se marchaba hasta Nervión donde vivía con una hermana; pero vivir, lo que se dice vivir, vivía en El Porvenir.
Con Don Antonio, el cura, y Paco Lobo, el sacristán, formaba un trio permanente por las calles del barrio. Ya no están ni Don Antonio, ni Paco, y Carmelo se marchó para no volver nunca más por sus calles, alguna vez lo he visto, hace ya tiempo, y me alegré de ver que andaba bien. No sé como estará ahora.
En la pared de uno de los bares nos dejó, antes de marcharse, un poema tan destartalado como él, a modo de herencia, recordando que la primera vez que no salió de nazareno.
Era indefinible. ¿Os acordáis de Carmelo?